Ciclo de lecciones sobre el Mahdismo: La formación de una generación mahdista, Sesión 9 | El concepto de la espera (Intizar) y su vínculo con el poder y la política

Serie de lecciones sobre el Mahdismo con el tema: La formación de una generación mahdista, sesión 5
El concepto de la espera (intizar) y su correspondencia con el poder y la política
Ficha informativa:
- Fecha: 18/10/2024 (1403/07/27)
- Lugar: Gran Fatimiyyah de Teherán - Congregación Mohabbin Mola Amir al-Mu'minin (P)
- Tema: Formación de una generación mahdista (el conocimiento del Imam del Tiempo [que Dios apresure su llegada] y la comprensión del Fin de los Tiempos)
- Audio: Aquí
Tener un buen final: la profunda preocupación de los siervos allegados a Dios
La religión del Islam es una fe auténtica y profunda; no obstante, la aceptación definitiva de las obras es un asunto que permanece oculto a nuestra mirada. Es por ello que una de las mayores inquietudes de los hombres de Dios (los awliya) ha sido siempre alcanzar un buen final y un destino venturoso en la fe. Contamos con narraciones según las cuales, cuando el Noble Profeta (BPyD) le anunció al Imam Alí (P) la noticia de su futuro martirio, él se preocupó hondamente por su propio desenlace y le manifestó esta inquietud al Mensajero de Dios (BPyD) diciendo: «¿Acaso en ese instante supremo partiré de este mundo con mi fe intacta e incólume?» (Manaqib al-Imam Amir al-Mu'minin, t. 2, p. 551). Son palabras de un peso espiritual extraordinario: a pesar de que el Imam Alí es quien discierne y divide entre el Paraíso y el Infierno, manifiesta de este modo su temor y reverencia respecto a culminar su vida en rectitud.
El fruto genuino de la religiosidad se manifiesta en la espera activa
La religión constituye una vivencia integral conformada por la fe en Dios, la piedad (taqwa), el compromiso con la Wilayah y valores semejantes. Dios, por Su parte, contempla la capacidad interior de cada ser humano. Todo el conjunto de tu religiosidad —desde la fe interior hasta las obras justas, desde la piedad hasta el apego a la Wilayah, desde la generosidad desinteresada hasta el acto de adoración—, ¿ha tenido como fruto maduro el fortalecimiento de tu anhelo de espera, o no? ¿Ha logrado que desees con toda el alma la llegada de la Parusía (el Zuhur)? ¿Ha hecho que busques y anheles la presencia activa del Imam, o no? Si el resultado de tu religiosidad se hace patente en la espera, entonces tu fe camina por el sendero correcto. Esta es una pregunta fundamental. No es admisible que alguien profese la religión y que la esencia misma y el barómetro de su religiosidad no sea su comunión con el Imam del Tiempo (que Dios apresure su bendita llegada), o que sea incapaz de percibirlo tras el velo del ocultamiento y no guarde una profunda conexión espiritual con él. Cada persona debe examinarse con sinceridad a sí misma: cuando recitas la conocida súplica «Allahumma kun li-waliyyika al-Huyyah...», ¿qué experimenta tu corazón? ¿Cuánta devoción y empeño le dedicas verdaderamente a esta plegaria? En los países del eje de la resistencia, los creyentes acostumbran a recitarla con fervor en el Qunut de sus oraciones cotidianas.
Nuestra vinculación con el Imam del Tiempo (que Dios apresure su llegada): una conexión de conocimiento y de corazón
Otro punto trascendental que se plantea aquí es nuestro desvelo sincero por el advenimiento del Imam. Este sentimiento de espera activa —al cual se le ha atribuido una recompensa y un valor tan excelsos—, ¿cómo se vuelve tangible en nuestra vida? ¿En qué ámbito se hace evidente? Uno de los grandes dilemas de nuestro tiempo es, precisamente, esta aparente distancia e intangibilidad en la que nos hallamos inmersos. A medida que nos adentramos más en el Fin de los Tiempos, la fe precisa tornarse más consciente, más sustentada en el conocimiento profundo y la reflexión que en las meras impresiones sensibles. Por ejemplo, profesamos fe en el último de los Imames, quien asumió la guía espiritual a la edad de cinco años y entró en ocultamiento en ese mismo periodo. Tras la etapa del Ocultamiento Menor, comenzó la era del Gran Ocultamiento. Ante un Imam que a lo largo de más de un milenio de historia no ha mantenido un contacto visible ordinario con la humanidad, ¿cómo debemos forjar una relación viva con él? A través del conocimiento del corazón y la lucidez interior. Es precisamente en medio de estas circunstancias donde estamos llamados a construir un lazo indestructible con el Imam del Tiempo (P).
Por ejemplo, si deseamos conectarnos con el Imam Husayn (P) y con la epopeya de Ashura, el día de Ashura y Arbain, los numerosos relatos históricos, la noble Karbala, etc., son realidades sensibles y tangibles que nos vinculan con su figura. Sin embargo, si deseas conectar con Hazrat Vali-e Asr (que Dios apresure su llegada), se trata de un asunto total o predominantemente del corazón. Debes decidir conscientemente cómo establecer tu vínculo con él: a través de la Ziyarat de Al Yasin, la súplica de Nudbah o la súplica de 'Ahd. Este será tu punto de encuentro y comunión con él, o bien, en medio de los acontecimientos de la vida, tú mismo crearás el espacio propicio para recordar al Imam del Tiempo (que Dios apresure su llegada). La cuestión fundamental es que debemos ser sensibles y apasionados respecto a la Reaparición, y manifestar esta inquietud espiritual de manera concreta en algún aspecto de nuestra vida.
Los indicadores de la religiosidad
1. El amor a Dios:
Dios Todopoderoso afirma en el Sagrado Corán: «Y los que creen aman a Dios con el amor más ferviente» (Al-Baqarah, 165). Este principio se erige como un criterio distintivo de la fe, y es un índice sumamente sublime. Esto significa que quien tiene fe, está enamorado de Dios y Lo ama por encima de cualquier otra cosa que exista en su vida.
2. Dar prioridad a la orden del Mensajero (PB):
Otro criterio esencial de la religiosidad radica en que, cuando llega una orden del Mensajero de Dios (PB), el creyente pospone cualquier otro asunto. El Sagrado Corán proclama: «Ciertamente, los creyentes son solo aquellos que creen en Dios y en Su Mensajero, y que cuando están reunidos con él para un asunto colectivo, no se marchan sin haberle pedido permiso...» (An-Nur, 62). Los verdaderos creyentes son únicamente aquellos que, cuando el Mensajero de Dios los convoca a un asunto de trascendencia comunitaria, no se apartan de su presencia ni se desentienden de su guía sin solicitar previamente su venia. Esta aleya coránica demuestra que el verdadero creyente es aquel que otorga máxima importancia al mandato del Profeta, anteponiéndolo a toda su vida personal, a todos sus quehaceres y ocupaciones. En realidad, el creyente aguarda con fervor la orden del Imam de la Época (que Dios apresure su llegada), siendo esto un pilar definitorio de su fe.
3. La espera activa (Intizar):
El tercer indicador de la religiosidad es la ferviente espera de la Reaparición del Imam Mahdi (que Dios apresure su llegada). La prueba de que somos auténticamente religiosos es esa espera activa. El termómetro de nuestra fe es lo que sentimos hacia el Imam de la Época y nuestro anhelo sincero por su Reaparición. El Príncipe de los Creyentes, el Imam Alí (P), señala: «Aquel que espera nuestra causa es como quien se debate en su propia sangre en el camino de Dios» (Kamal al-Din, 645). Muchos podrían sorprenderse: «¿Acaso la sola espera eleva al ser humano al rango del martirio?» Es natural asombrarse. Pero sabed que la espera activa es la esencia misma de nuestra fe y el sello de autenticidad de nuestra convicción. Es posible que poseamos cierto grado de creencia, y aun así el Corán no nos catalogue como auténticos creyentes (mu'min). Todos debemos comprender que admitir la existencia de Dios no nos hace necesariamente creyentes; incluso los idólatras y politeístas reconocían la existencia de Dios (Az-Zumar, 38), pero según el Corán carecían de verdadera fe. Nosotros también podríamos tener convicciones teóricas sin ser verdaderos creyentes. ¿Dónde se pone a prueba esto? En nuestra espera viva. Cada cual según su capacidad y su medida; sin embargo, este anhelo sagrado debe reflejarse y hacerse visible en alguna parte de nuestro existir.
Demostremos nuestra condición de quienes esperan educando a una generación mahdista
Uno de los ámbitos más nobles y propicios donde debemos manifestar nuestra sensibilidad y lealtad hacia Hazrat Vali-e Asr (que Dios apresure su llegada) y su ocultación, así como nuestro anhelo por la Reaparición, es la crianza y formación de nuestros hijos: en la formación de una generación que aspire a ser mahdista, una generación que viva en constante espera activa. En este sentido, no importa si el momento de la Reaparición parece lejano; aun si distara en el tiempo, nuestro deber ineludible es formar una generación que viva en la espera. No se trata meramente de educar a una generación piadosa, sino de estar alertas para no caer jamás en una religiosidad secularizada y pasiva.
Ustedes pueden educar espiritualmente a la próxima generación sin tener en cuenta la cuestión de la espera y la liberación (faray), sin contemplar una vida al servicio del Imam del Tiempo (que Dios apresure su bendita llegada), y sin preparar el terreno para su advenimiento. Uno puede concebirse a sí mismo de esta manera, y de hecho hay muchas personas que estudian, enseñan e incluso imparten temas espirituales, pero no hay rastro alguno del Imam del Tiempo (que Dios apresure su bendita llegada) ni de la espera de la liberación en su conducta y modo de vida.
El rango de quien aguarda la llegada según las palabras del Imam Baqir (la paz sea con él)
El Imam Baqir (la paz sea con él) afirma: «العارِفُ مِنکُم هذَا الأَمرَ المُنتَظِرُ لَهُ المُحتَسِبُ فیهِ الخَیرَ کَمَن جاهَدَ وَاللّهِ مَعَ قائِمِ آلِ مُحَمَّدٍ صلّى اللّه علیه و آله بِسَیفِهِ» (Tafsir As-Safi, vol. 5, pág. 136); es decir: «Aquel de entre vosotros que reconozca este asunto [de nuestro liderazgo], crea en él, aguarde su llegada y considere que en ello reside todo bien, ¡por Dios que es como quien combate junto al Qa'im de la Familia de Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él y su descendencia) empuñando su espada!».
El Imam Baqir (la paz sea con él) pronuncia estas palabras en su propia época, estando él mismo presente, y al mismo tiempo exhorta a quienes lo rodean diciéndoles: «Aguardad nuestro gobierno». Cuando ustedes luchan por la causa de Ahlul Bait (la paz sea con ellos) y por la edificación de la comunidad islámica, se esfuerzan por transformar la historia de la vida humana y por trazar ese sendero luminoso y eterno en la existencia del ser humano. Por lo tanto, la espera (intizar) es un asunto de suma trascendencia.
¿Cuál es el significado de la espera?
¿Qué es la espera de la liberación (intizar al-faray)? El Imam Jomeini (que Dios tenga misericordia de él) lo explicó en una sola frase: «La espera de la liberación es la espera del poder del Islam» (Sahifeh-ye Imam, vol. 8, pág. 374). Esto significa que debes anhelar y aguardar que el Islam adquiera fuerza y poder. El Islam debe ser poderoso; los musulmanes deben fortalecerse. ¿Acaso es posible creer en el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él y su descendencia) y no anhelar su autoridad y fortaleza? Por supuesto, si hubiéramos vivido en la época del Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él y su descendencia), habríamos comprendido cuál era la orientación primordial de la religión ante él: proporcionarle fuerza y consolidar su autoridad. Si hubiéramos estado en la época de los Imames de la Guía (la paz sea con ellos), habríamos comprendido su soledad y marginación. Si hubiéramos sentido fervor y dolor ante la soledad de los Imames de la Guía (la paz sea con ellos), habríamos estado anhelando el triunfo de su causa y su mandato.
¿Qué es el poder del Islam?
El hecho de que en las narraciones se nos ordene «aguardad nuestro asunto», significa: aguardad el gobierno del Imam del Tiempo (que Dios apresure su bendita llegada) y la consolidación de su poder. Hoy en día, hay quienes aguardan al Imam del Tiempo (que Dios apresure su bendita llegada), pero no anhelan el poder del Islam. ¿Qué es el poder del Islam? Se lo diré de forma muy sintética: Imaginen que están sentados junto al Imam Baqir (la paz sea con él) y él les pregunta: «¿Aguardas nuestro asunto o no? ¿O tan solo crees en nosotros? ¿Aguardas también nuestro gobierno o no? ¿O únicamente eres obediente? ¿O tan solo un devoto amante? Si algún día asumiéramos el poder, ¿estarías esperando nuestra orden y nuestro gobierno?». Por ende, la esencia viva de la espiritualidad y la religiosidad se manifiesta en el ámbito de la política. Es decir, tu relación con Dios puede ser buena, con el Más Allá y la Resurrección también, tu vínculo con Ahlul Bait (la paz sea con ellos) y los profetas divinos puede ser cercano, realizas tus actos de adoración, tu moral es intachable, ¡pero tu camino jamás pasa por el terreno del poder y la política! Todo esto puede terminar convirtiéndose en una tergiversación de la religión.