Programa Zamaneh - Canal 2 - Martirio de Seyed Hasan Nasralá - 28/09/2024 | En los múltiples debates actuales, se descuidan ciertas dimensiones espirituales del martirio

Entrevista televisiva en vivo - Canal 2 de IRIB - El martirio de Sayyed Hasan Nasrallah
En las numerosas reflexiones que se realizan, a menudo se descuidan ciertas dimensiones espirituales del martirio. El Sagrado Corán, en el versículo 156 de la sura Al-Imran, esclarece este asunto con total elocuencia cuando dice: «یَا أَیُّهَا الَّذِینَ آمَنُوا لَا تَکُونُوا کَالَّذِینَ کَفَرُوا» «¡Oh, creyentes! No seáis como los incrédulos». ¿En qué sentido?
Ficha informativa:
- Fecha: 28/09/2024 (1403/07/07)
- Lugar: Canal 2 de la televisión nacional, programa Zamaneh
- Tema: Efectos y trascendencia del martirio de Sayyed Hasan Nasrallah
La necesidad de prestar atención a las dimensiones espirituales del martirio
En los muchos debates y análisis que se suscitan, con frecuencia se pasan por alto las dimensiones espirituales del martirio. El Sagrado Corán, en el versículo 156 de la sura Al-Imran, lo deja muy en claro al advertir: «یَا أَیُّهَا الَّذِینَ آمَنُوا لَا تَکُونُوا کَالَّذِینَ کَفَرُوا» «¡Oh, creyentes! No seáis como los incrédulos». ¿En qué aspecto? «وَ قَالُوا لِإِخْوَانِهِمْ إِذَا ضَرَبُوا فِی الْأَرْضِ أَوْ کَانُوا غُزًّى لَّوْ کَانُوا عِندَنَا مَا مَاتُوا وَ مَا قُتِلُوا», no seáis como aquellos incrédulos que decían de sus hermanos cuando salían de viaje o iban a luchar en el camino de Dios: «Si se hubieran quedado con nosotros, no habrían muerto ni habrían sido asesinados».
Dios Altísimo considera una actitud propia de la incredulidad el decir: «si fulano no hubiera marchado al campo del yihad, ahora estaría sano y salvo entre nosotros», porque la muerte está únicamente en las manos de Dios. Quien abraza el martirio, en realidad ha elegido conscientemente la forma sublime de su propia muerte. Por supuesto, hay muchas cuestiones que deben analizarse en su justo contexto, como preguntarnos si pudimos haber cumplido mejor con nuestro deber para evitar su martirio. No pretendo en este análisis descartar el papel del enemigo ni soslayar posibles negligencias o fallos. Asimismo, el deber ineludible de tomar represalias contra el enemigo se mantiene firme en su propio lugar.
Sin embargo, aun considerando todos esos factores, el martirio no altera el tiempo prefijado de la muerte. Debemos tener esta profunda serenidad en el corazón. ¿Acaso no habría sido una lástima que la vida de este noble Sayyed no concluyera con el martirio? ¿Y que con su partida, acontecida en el cenit de semejante martirio, no dejase tras de sí un legado tan inmenso? Dios nos advierte que si miramos las causas materiales de forma absoluta y nos olvidamos del designio divino sobre la vida y el martirio, diciendo «si no hubiera ido a la lucha, ahora estaría vivo», nuestras palabras reflejarán una postura contraria a la fe. No debemos contemplar la realidad con esa mirada.
Respecto a esta serie de mártires que alcanzaron los sesenta y tres años de edad —Sayyed Hasan Nasrallah, Ismail Haniyeh, el mártir Raisi y Hayy Qasem, todos con sesenta y tres años—, cabe decir que en sus almas brillaba una luz singular, y ciertamente este era el momento culminante de su tiempo de vida natural. En una parte de nuestro corazón encontramos sosiego ante el decreto divino: si él hubiese fallecido, por ejemplo, a causa de una enfermedad, ¿acaso estaríamos más consolados? No; debemos comprender que la inmensa gracia y los méritos espirituales que ellos poseen transforman la naturaleza de su partida, elevándola de una muerte ordinaria hacia el martirio con todas sus majestuosas repercusiones.
Ibn Abi al-Hadid relata del Comandante de los Creyentes, el Imam Ali (P), que dijo: «مَن لَم یُقتَل ماتَ; Quien no muere asesinado, morirá de todos modos» (Sharh Nahy al-Balagha, vol. 1, p. 306). Por tanto, realizamos nuestros análisis con ecuanimidad y sosiego. Por supuesto, esta serenidad no significa que no sintamos dolor. El propio Imam Husain (P) derramó lágrimas en Karbalá por sus mártires, sabiendo que pocas horas después se reuniría con ellos. El llanto y el duelo tienen su lugar, el examen riguroso de las fallas tiene su lugar, y esta fe viva en el significado y en la dimensión providencial del martirio también tiene su lugar esencial. Esta convicción otorga al ser humano una auténtica paz interior y reconforta el alma con esperanza.
Efectos y trascendencia del martirio de Sayyed Hasan Nasrallah
El martirio del mártir Hasan Nasrallah encierra además inmensas bendiciones que, si hubiese partido de este mundo por una muerte natural, difícilmente habríamos podido alcanzar ni presenciar.
1- La difusión de la cultura del martirio
Una de las gracias ocultas de Dios y de los benditos frutos de este martirio es la difusión de la cultura del martirio. Cuando el Imam Jomeini (r.a.) aceptó la resolución, expresó: «Que Dios no retire el banquete del martirio de entre los amantes del martirio». El Imam no pedía inseguridad ni la pérdida de los jóvenes y de las personas virtuosas; el Imam creía firmemente en la realidad de la muerte y no deseaba que todas las muertes fueran meramente naturales. El Imam anhelaba que la seguridad alcanzara el nivel más alto, pero, junto a ello, también rogaba por el martirio.
El primer efecto del martirio de esta amada figura fue la propagación de la cultura del martirio. Esta inmensa popularidad impulsa la difusión de dicha cultura. La cultura del martirio es precisamente aquello a lo que se refería Rice, la exsecretaria de Estado de EE.UU., cuando decía que mientras enseñaran la cultura del martirio a sus hijos, serían terroristas. Ahora, nuestros insensatos enemigos no han hecho más que fortalecer esta cultura del martirio. Hace algún tiempo viajé al Líbano. Una noche de viernes, junto a las tumbas de los mártires, vi a jóvenes que jamás hubiera imaginado encontrar allí a esas horas; era como su punto de encuentro habitual. Su oración y su anhelo constante era el martirio. Esta cultura de entrega y búsqueda del martirio es verdaderamente extraordinaria.
2- El derrumbe de la corriente de la capitulación
Otro punto crucial es que el mártir Sayyed Hassan Nasrallah destruyó por completo la vía del entreguismo y la capitulación. ¿De qué otra manera se habría podido desmantelar la línea de los claudicadores sino a través del martirio oprimido de semejante personalidad? El golpe que este martirio asestó a la mentalidad capitulacionista no se habría podido lograr por ningún otro medio. No debemos tomar el entreguismo a la ligera.
Cuando el profeta Moisés (p) fue a su íntima comunión con Dios, el Samiri convirtió a un pueblo oprimido, que había presenciado tantos milagros, en adoradores de un becerro. El Mensajero de Dios (Bpd) advirtió: «Yo también tengo un Samiri en mi comunidad. La consigna del Samiri de mi comunidad es: ‘No a la lucha’ (La qital)» (Amali al-Mufid, p. 30); y esto es precisamente el espíritu de la claudicación.
El entreguista siempre teoriza sobre la paz, pero jamás señala cuándo es el momento del yihad; siempre disfraza sus temores de prudencia política y conveniencia, mas nunca posee la valentía de luchar ni el coraje de combatir en el camino de Dios. La verdadera paz jamás se conquista sin una batalla honorable.
3- El discernimiento del enemigo
La lucidez para discernir al enemigo es tan difícil de alcanzar que Dios le dice al Profeta (Bpd) en el Corán: «Algunos no creen que haya quienes permanecerán eternamente en el Infierno». Se preguntan: ¿acaso esa persona cometió tantos crímenes como para merecer un tormento eterno?
Muchos creyentes no alcanzan a dimensionar la magnitud de la maldad del enemigo; por ejemplo, piensan que si ellos deponen las armas, el enemigo también lo hará; que si ellos ceden, el enemigo también retrocederá; o imaginan que en el fondo existe algún vestigio de humanidad en el corazón del enemigo que en algún momento lo moverá a la piedad, cuando en realidad el enemigo jamás se apiada. ¿Qué más tendría que haber hecho Dios por nosotros para que aprendiéramos a reconocer la verdadera naturaleza del enemigo?
En el suceso de Ashura, una de las razones por las que el Imam Husain (p) llevó a Ali Asghar (p) al campo de batalla fue precisamente poner en evidencia la descomunal perversidad del enemigo. Los relatos y conmemoraciones del martirio no existen únicamente para despertar el amor al Imam Husain (p) en nuestros corazones, sino para grabar en nuestra conciencia la infinita crueldad del enemigo.
4- La multiplicación de Sayyed Hassan Nasrallah
Cuando Sayyed Hassan Nasrallah inició su lucha, era un joven seminarista sin una sola cana en su rostro. Hoy contamos con innumerables estudiantes de ciencias religiosas como él. Nadie debe caer en el desánimo. La desesperanza es una de las insidias de Iblís (Satanás). Sayyed Hassan Nasrallah se ha multiplicado, y esta es la tradición y ley divina de los mártires.
No debemos entregar nuestro sistema de cálculo y discernimiento en manos de Satanás. Nuestro esquema de juicio cae bajo el dominio de Iblís cuando pensamos que la resistencia tiene un alto costo. Es posible que resistir implique sacrificios, pero su costo es infinitamente menor que el de la capitulación. En la claudicación no hay más que humillación y profundo sufrimiento, mientras que el costo de la resistencia puede vivirse con honor y plenitud, y sin duda engendra una dignidad sublime.
El costo de la capitulación es infinitamente mayor que el costo de la resistencia
Debemos convencernos de que si es nuestro deber, hemos de plantarnos firmes frente a los sionistas; si nos dejamos dominar por el miedo ante el peligro, caeremos en la desgracia, sufriremos incontables pérdidas y padeceremos la miseria. Si Dios hubiera querido, habría evitado ponernos enemigos. Dios mismo puede aniquilar a nuestros adversarios, pero dice en el Sagrado Corán: «Y así hemos asignado a cada profeta enemigos de entre los demonios humanos y genios» (Al-An'am, 112), pues Su propósito es ponernos a prueba. Algunos oran diciendo: «¡Ojalá no existieran estos enemigos! ¡Ojalá se destruyeran por sí solos! ¡Ojalá pudiéramos eludir esta prueba y el enemigo cediera!». Quienes piensan así han caído en una profunda insensatez y ni siquiera comprenden las reglas más elementales que rigen la vida humana.
Durante los treinta años posteriores a la Sagrada Defensa se trabajó intensamente sobre la cultura de nuestra sociedad. Muchos llegaron a creer que la seguridad se alcanza mediante el pacto y la capitulación, considerando esto como una muestra de sensatez. Sin embargo, no es así en absoluto. Cuando la guerra golpea a tu puerta, si la cierras por cobardía, derrumbarán el techo sobre tu cabeza y serás sepultado con humillación en la oscuridad de la historia. El Ayatolá Bahyat solía advertir: «¡Ojalá nuestros enemigos se conformaran con esclavizarnos y al menos nos preservaran como esclavos!».
Debemos tener la certeza de que el costo de la resistencia es infinitamente menor que el costo de la sumisión. El peor cálculo y el más destructivo para el destino de Irán sería que los gobernantes digan: «Si lanzamos un misil hacia allá, ellos nos responderán con otro misil y tal vez se incendie una de nuestras estaciones de servicio; por lo tanto, no ataquemos». En una ocasión, el Líder Supremo señaló que resistir tiene un costo, y claudicar también lo tiene; pero el costo de la claudicación es infinitamente mayor que el de la resistencia. Es imprescindible reflexionar a fondo sobre esta verdad. Esto no es solo una convicción religiosa, es un principio puramente racional. Hoy en nuestro país algunos afirman: «Israel es malvado y despiadado, así que debemos ceder». Traigan a quienes han estudiado la historia para que aclaren este asunto. Aquellos que huyeron de la crueldad de Yazid terminaron cayendo bajo el yugo de Hayyash ibn Yusuf al-Thaqafi, quien degollaba sin juicio previo. Bastaba con que alguien tuviera un conflicto con otro para acusarlo de amar a Ali ibn Abi Tálib (P), y en el acto Hayyash exterminaba a toda su familia y linaje. La gente de Medina le pedía al Imam Husain (P) que cediera aunque fuera un poco; poco después, en la masacre de al-Harra, el propio Yazid decapitó en Medina a setecientos compañeros y seguidores del Profeta, los ríos de sangre corrieron por las calles y ultrajaron el honor de sus mujeres. La capitulación es algo aterrador. Esta es nuestra gran prueba histórica.
El deber de los medios y de las figuras políticas de elevar la capacidad de resistencia del pueblo
Nuestra mayor consigna en el día de hoy es: «¡Muerte a la capitulación!». Debemos mantenernos en estado de alerta y preparación; la conveniencia y la estrategia siempre se pueden debatir. En ocasiones, es esta misma preparación la que transforma las circunstancias y conveniencias. Hubo momentos en que el Mensajero de Dios (BPyD) guardó silencio frente a los hipócritas. Cuando estos intentaron atentar contra la vida del Profeta (BPyD), Hudhayfah le preguntó asombrado: «¡¿Por qué no los ejecutas?!». El Noble Profeta aludió a la falta de madurez en la opinión pública y respondió: «Si lo hiciera, la gente diría que el Profeta ejecuta a sus propios compañeros»; es decir, el pueblo aún no tenía la capacidad de asimilarlo.
La misión de las manifestaciones, de los medios de comunicación y de los líderes políticos es precisamente elevar el nivel de conciencia y resistencia de la sociedad. Si una figura política tiene la posibilidad —y la obligación moral— de explicar al pueblo que el costo de la resistencia es menor que el de la sumisión, y opta por callar, Dios lo castigará en las profundidades del Infierno, porque los líderes políticos son quienes marcan el rumbo del pueblo. ¿Qué decía Abu Musa al-Ash'ari para que el Príncipe de los Creyentes (P) lo repudiara y condenara? El Imam Ali (P) afirmó que él era uno de los «Samaritanos» de esta comunidad, porque proclamaba: «La guerra es mala». Es verdad que la guerra es mala, ¡pero la pregunta es quién la comenzó! Debemos entender esto con total claridad. Nuestro primer deber es comprender la resistencia y estructurar nuestro análisis a favor de ella, incluso si careciéramos de fe religiosa.
Si alguien envía a las autoridades o a través de los medios señales de debilidad y pacto, sin que se perciba en sus palabras el espíritu de la resistencia, no tendrá un buen final. Y la peor de las desgracias para quien toma ese camino es que, por su culpa, los «Husain» de nuestro tiempo volverán a ser decapitados.
La devoción al Liderazgo (Wilayat), el rasgo supremo de Sayyed Hasan Nasrallah
El rasgo más sobresaliente del mártir Sayyed Hasan Nasrallah —este colosal líder de la Resistencia en la historia del chiismo, que brilla y brillará siempre como la Estrella Polar— fue su inquebrantable devoción y sumisión al Liderazgo (Wilayat). Él creía en el *Wilayat al-Faqih*, pero con una profundidad muy distinta a la nuestra. En uno de sus discursos públicos llegó a decir que, en Irán, muchas autoridades no escuchan ni acatan la palabra del Líder como verdaderamente deberían hacerlo.
Sayyed Hassan Nasrallah —a quien Dios concedió un honor y una dignidad histórica y universal— solía decir: «Me enorgullece ser un devoto seguidor del Wilayat al-Faqih y del Líder Supremo de Irán»; y sin embargo, vemos a veces que el imam de una pequeña mezquita huye de defender el Wilayat al-Faqih solo por cuidar su propia reputación e imagen. ¿Acaso no vieron cómo el mártir Qasem Soleimani defendió el Wilayat al-Faqih y lo que les dijo a las grandes autoridades religiosas y ulemas respecto a la defensa del Wilayat al-Faqih?
En una ocasión le dije al mártir Sayyed Hassan Nasrallah: «La recompensa espiritual por la definición que diste del Wilayat al-Faqih es superior a todas tus luchas y sacrificios. Dijiste: “Ante el Wali al-Faqih, somos dueños de nosotros mismos”. La verdadera lealtad al Wilayah es muy distinta del seguidismo ciego y fanático; la adhesión al Wilayah difiere por completo de una sumisión absoluta carente de discernimiento. Tú le diste pleno significado a la cumbre de la lealtad al Wilayah, y yo he citado estas palabras tuyas decenas de veces en mis conferencias para explicar qué es el Wilayat al-Faqih».
Tras la Guerra de los Treinta y Tres Días, se organizó en la Universidad de Teherán una sesión de preguntas y respuestas con la presencia de un miembro de Hezbolá del Líbano. Los estudiantes le preguntaban: «¿Cuál es el secreto de su éxito?». Y él enfatizaba: «El secreto de nuestro éxito radica en el acatamiento y la obediencia al Wilayat al-Faqih».
